5 de jul. de 2012

Fundación de Colonia del Sacramento


Luego de descubierto el Río de la Plata por el navegante Juan Díaz de Solís, la colonización española se orientó a los territorios aledaños a la ciudad del Buen Ayre (actual Buenos Aires) y a la fundación de la ciudad de Asunción; quedando despoblado los territorio situado al este del Río Uruguay. Pero cuando Hernando Arias De Saavedra (Hernandarias), liberó en el territorio oriental del Río Uruguay unas cuantas cabezas de ganado vacuno, dio origen al desarrollo espontáneo de esa ganadería, que en base a las condiciones favorables del terreno, se reprodujo abundantemente.
La explotación de esa riqueza ganadera que andaba libremente por las praderas, atrajo el interés, principal el producto que podía obtenerse de ese ganado: el cuero. Inicialmente se explotaba mediante incursiones en el territorio, en las que se procuraba rodear los rebaños para “cuerear” los animales luego de matarlos. Los cueros podían salarse y secarse al sol, para luego transportarlos en carretas y en barco hacia los lugares de comercialización. Esta actividad, a la que se designó como “la corambre”, requería emplear hábiles jinetes con elementos adecuados para atrapar los animales, que criados en total libertad eran sumamente ariscos y se carecía de cualquier clase de instalaciones para encerrarlos. Se usaron dos instrumentos fundamentales: la garrocha, consiste en una larga vara con un filoso gancho en su extremo para cortar el tendón de Aquiles de la pata de los animales y hacerlos caer; y las boleadoras, originalmente utilizadas por los indígenas para cazar avestruces, que eran lanzadas para enredar las patas de los animales e impedirles huir. En ese uso de la garrocha — en portugués, “garrucha” — como instrumento esencial para capturar los ganados, característico de los jinetes que realizaban la corambre, se encuentra probablemente el origen de la palabra gaucho; por la deformación de su pronunciación en portugués.
Luego, además del cuero, fue posible agregar la utilización de la carne; mediante un procedimiento similar de salado y secado, elaborando el producto conocido como tasajo, que se utilizaba como alimento previo su remojo, cocinándolo con frijoles, papas u otros vegetales.
De ese modo, en 1781, en las costas del arroyo Colla, situado en el actual Departamento de Colonia, un emprendedor vecino de Buenos Aires, Vicente de Medina, instaló un establecimiento dotado de instalaciones para reunir el ganado, proceder a su matanza y luego salar cueros y carnes. Este fue el primero de varios que ulteriormente surgieron en las costas del Río de la Plata cerca de sus zonas accesibles por barco, que se denominaron “saladeros”. Esta industria llegó a alcanzar importancia, al punto de que se dice que en el saladero del Colla podían albergarse varias decenas de miles de cabezas de ganado vacuno, haciéndose matanzas del orden de 1.000 cabezas por día.
La producción del ganado de la Banda Oriental se exportaba, principalmente al Brasil y Europa. Encontrándose el ganado abundantemente y libre en un territorio, casi, despoblado y sin vigilancia de autoridad, comenzaron a establecerse en las márgenes costeras para embarcar y desembarcar, los campamentos de faeneros de diverso origen. En una época en que la piratería abundaba en todos los mares, piratas, especialmente franceses, ingleses, holandeses y dinamarqueses solían desembarcar en las costas del Río de la Plata y sus ríos tributarios, para acopiar en sus barcos cueros que adquirían a bajo precio a los faeneros y luego vendían en los mercados europeos con grandes beneficios.
Entre los patrones de los campamentos o asentamientos faeneros, hubo nombres que quedaron ligados a la geografía del Uruguay, tales como Maldonado, Rocha, Pando, Toledo, etc. Entre los piratas que frecuentaban estas costas, se destacó el francés Esteban Moreau (pronunciar: Moró), el cual estableció gran cantidad de barracones donde depositaba los cueros, y que llegó a instalar artillería para combatir las partidas enviadas por las autoridades españolas; aunque fue muerto por los soldados al mando de Zabala en las costas de Rocha, en 1720.
Pero, también, la misma riqueza ganadera atrajo a buscadores de ganado provenientes del sur del Brasil. Esos territorios funcionaban, de tal manera, como un vasto criadero de ganado, al cual ingresaban los troperos para reunir el ganado y trasladarlo hacia el norte.
España y Portugal sostenían, desde mucho antes, un conflicto para delimitar la frontera de sus respectivos dominios en la costa atlántica de América del Sur. El Tratado de Tordesillas, que había pretendió ser un acuerdo término, ocasionó toda clase de inconvenientes. De tal manera, las ambiciones portuguesas sobre el Río de la Plata y la riqueza ganadera del territorio oriental del Río Uruguay, llevó a que Portugal tomará la decisión de intentar ocupar ese territorio, que hasta entonces España mantenía descuidado.
El Rey de Portugal impartió órdenes al Gobernador del Brasil, por entonces Manuel Lobo, para que fundara un establecimiento militar fortificado en el nacimiento del Río de la Plata. Fue así que el 1º de enero de 1680, expedicionarios portugueses desembarcaron en las costas del Río de la Plata, prácticamente enfrente de la ciudad de Buenos Aires, y fundaron lo que denominaron Colonia del Sacramento. Ésta fundación inicio una serie de episodios que pautaron la rivalidad luso-hispana sobre la Banda Oriental, que se mantendrá por mucho tiempo.
Enterado de éste episodio, el Gobernador de Buenos Ayres envió una fuerza integrada por 300 soldados españoles y asistidos por varios miles de indígenas incorporados a la milicia, que rápidamente desalojaron a los portugueses y ocuparon el fuerte. Sin embargo, la diplomacia portuguesa, con amenazas de graves represalias, logró imponer al débil Rey Carlos II, que por entonces reinaba en España, una negociación por la cual aceptó devolver pacíficamente la Colonia del Sacramento a los portugueses para 1681.
La Colonia permaneció en poder de los portugueses durante 24 años; hasta que en 1704, ascendido al trono el primero de los Borbones de España, Felipe V, ordenó emprender una acción militar para desalojarlos. Eso fue llevado a cabo por una fuerza de Buenos Ayres, comandada por Baltasar García Ross, que sitió la Colonia por tierra, lo que habilitó a que la dotación portuguesa fuera evacuada por una flotilla que acudió en su auxilio.
Pero las ambiciones portuguesas sobre el territorio oriental del Uruguay no decayeron; a consecuencia de sus conflictos europeos España y Portugal firmaron en 1715 el Tratado de Paz de Utrech, Portugal obtuvo la concesión de volver a ocupar la Colonia del Sacramento con la restricción de no extenderse desde ella a una distancia mayor a un disparo de cañón. Luego de recuperar la Colonia, a partir de 1716, los portugueses se dispusieron a extenderse por el territorio del actual Uruguay, sin duda infringiendo el Tratado de Utrech. A tal fin, partió desde el Brasil, una expedición marítima al mando de Freitas Fonseca y en diciembre de 1723 ingresó en el puerto natural situado en el Monte VI desde Este a Oeste de la costa del Río de la Plata.
La noticia de tal invasión produjo una reacción inmediata del gobernador español en Buenos Ayres, Bruno Mauricio de Zabala, quien exigió a los portugueses a retirarse. Visto que no lo hacían, Zabala comenzó a organizar un contingente militar; pero ante ello, los portugueses, en inferioridad de condiciones, optaron por retirarse.
En 1777 el entonces Virrey del Río de la Plata, Ceballos, envió un ejército que sitió el fuerte. Los portugueses de Colonia optaron por capitular (rendirse), a condición de permitírseles su retirada; lo cual los españoles procedieron a destruir totalmente el emplazamiento. Así Colonia del Sacramento quedó destruida y en manos de España.
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