19 may. 2009

La Monarquía Española: los reyes católicos

Isabel de Castilla nació en Madrigal de las Altas Torres, Ávila, el 22 abril de 1451 y murió en Valladolid el 26 de noviembre de 1504. Su padre fue el Rey Juan II de Castilla y su madre, Isabel de Portugal. Fernando de Aragón, nació en Sos, Zaragoza, el 10 de mayo de 1452 y murió en Madrigalejo el 23 de enero de 1516. Sus padres fueron el Rey Juan II de Navarra y Aragón y Juana Enríquez.
El matrimonio de éstos se efectuó en octubre de 1469. Isabel asumió el trono de Castilla en diciembre de 1474, y Fernando hizo lo propio con el de Aragón en enero de 1479. Cada uno conservó su calidad de soberano en su respectivo territorio, con la idea de que uno de sus hijos heredaría ambos reinos, tanto por el lado paterno como por el materno.

Un matrimonio difícil:
La realización del matrimonio de Isabel y Fernando no fue fácil, sobre todo en Castilla, reino que desde que asumiera Enrique IV (hermano de Isabel) se había visto convulsionado por varias guerras internas. Uno de los bandos en disputa anhelaba que Isabel fuese considerada heredera directa del trono, y no Juana la Beltraneja, presunta hija del soberano.
Isabel tenía varios pretendientes, pero optó por Fernando, lo consideró el más apropiado para fortalecer al trono. Su hermano quería que se casara con el Rey de Portugal y como ella no accedió, llegó incluso a amenazarla con recluirla en prisión. Una vez celebrada la ceremonia, Isabel comunicó el hecho a su hermano, quien desconoció el acuerdo y declaró que Juana la Beltraneja como heredera.
La muerte de Enrique IV y el reconocimiento de Isabel como Reina de Castilla (1474), originaron, como era de esperar, disputa en ese reino. Los partidarios de La Beltraneja consiguieron el apoyo de Portugal, pero éstos fueron derrotados en Toro (1476), viéndose obligados a pedir el término de la guerra. Juana la Beltraneja quedó sin apoyo e ingresó a un convento. En esta guerra, Fernando se destacó defendiendo los derechos de su esposa.
En el caso de Fernando, la ascensión al trono fue más fácil: su padre murió en enero de 1479 y él asumió directamente. Coronados ambos, iniciaron una política que se caracterizó por privar a la nobleza de sus privilegios, por la restauración del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Castilla y luego en Aragón, y por concentrar el poder político en manos de los monarcas.

LA GUERRA CONTRA LOS MOROS
Isabel y Fernando se abocaron a lograr la expulsión de los moros del Reino de Granada, mediante una guerra, que se inició en 1482 y terminó en 1492 con la caída de esa ciudad, completándose así el proceso de unidad territorial de España. Preocupados por la unidad de la nación, los Reyes firmaron un decreto que ordenaba la expulsión de los judíos que no se convirtieran al cristianismo, utilizando la institución de la Inquisición para acusar y condenar a los no convertidos. También Fernando procuró ampliar los territorios aragoneses y logró expulsar a los franceses del Reino de Nápoles.
EL NUEVO MUNDO:
Los Reyes Católicos, especialmente Isabel, apoyaron la empresa que en octubre de 1492 llevó al Descubrimiento de América. Enterados del éxito de Cristóbal Colón, tuvieron que resolver el problema del dominio de las tierras recién descubiertas.
En el Tratado de Alcaçovas-Toledo (1478), Castilla se había comprometido a no interferir en el proceso de expansión de Portugal y el monarca portugués consideró el viaje de Colón como una transgresión de aquel acuerdo. Los Reyes Católicos, entonces, solicitaron la intervención del Papa Alejandro VI, quien había nacido en España. Luego de varios tratados y de reclamos portugueses, se llegó a un acuerdo que es conocido como Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494), en el que se determinó el límite en una línea imaginaria a una distancia de 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde (hacia el Occidente correspondía a Castilla y hacia el Oriente a Portugal).

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