3 abr. 2010

Burguesía: vida cotidiana

Durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la burguesía, el grupo social más pujante, aumentó su poder económico e influencia, gracias a la propiedad de la tierra y de las grandes empresas industriales, financieras y comerciales. En este grupo también podemos incluir a las capas más altas de la Administración y de las profesiones liberales (doctores, abogados, etc.). Los burgueses, a imitación de la aristocracia, gustaban de celebrar fiestas y reuniones en sus amplios salones. El hecho de que cada vez fueran más las personas que gozaban de una cierta prosperidad material y dispusieran de tiempo libre, hizo que las diversiones perdieran el carácter elitista que habían tenido hasta entonces. Con la industrialización y el desarrollo tecnológico, las ciudades se hicieron más habitables. La iluminación eléctrica hizo las calles y plazas más seguras. También permitió a las clases medias y populares urbanas prolongar su tiempo de ocio, realizando fiestas o, simplemente, gozando de amplios y modernos paseos. Las llamadas "sufridas clases medias" -pequeños comerciantes, abogados, médicos, enseñantes, etc-, gustaban de dejarse ver en los cafés de la época. En ellos, literatos y aprendices comentan la última novela aparecida. También se organizan tertulias, se charla de política o, simplemente, se toma café. Eran muy frecuentes las reuniones literarias, políticas o musicales. La música ofreció amplias posibilidades en ese sentido, por lo que se propagó tanto su práctica, principalmente del piano, como la asistencia a conciertos. La ópera, en este periodo, se convirtió en el principal escenario de la burguesía, en el que tan importante era ver como ser visto. En general, la sociedad urbana albergaba el sentimiento de estar participando de una era de progreso y expansión. Frecuentemente se celebraban grandes exposiciones, en las que se mostraban los últimos adelantos en las materias más diversas. Y también era habitual la creación de museos, con los que se trataba de instruir al público en los más variados saberes.
En el siglo XIX, al abrigo de la industrialización, la burguesía comercial y financiera se impone como clase dominante. Al mismo tiempo, las ciudades, cada vez más pobladas gracias a la inmigración y la mejora de las condiciones de vida, se ensanchan con el surgimiento de nuevos barrios y modernas edificaciones. La burguesía, clase fundamentalmente urbana, intentará reflejar en los barrios que habita y en sus viviendas su forma de vida característica, su nueva situación de privilegio. La casa es, de alguna manera, reflejo del orden vertical en que se organiza la sociedad. Habitualmente, la planta baja es un espacio dedicado a las tiendas, los almacenes o los talleres. También se halla en este nivel la portería. La vivienda del propietario se halla en el primer piso, pudiendo ocupar toda la planta. Los dueños de los edificios eligen las primeras plantas para vivir, antes de la invención de los ascensores. Es éste el piso mejor ventilado y más luminoso, con amplios salones para recibir a las visitas. En ellos, la rica decoración habla de la reputación del propietario. El segundo y el tercer piso se dividen en varias viviendas. Estas son más modestas, y en ellas suelen vivir en régimen de alquiler familiares o conocidos del dueño del edificio. Personajes de un segundo nivel económico se afanan por aparentar una mejor situación. El último piso, bajo la cubierta del edificio, lo ocupan las buhardillas, viviendas peor iluminadas y mucho más pequeñas e incómodas. En ellas, se aloja el servicio del dueño de la casa, o bien son alquiladas a personas de escasos recursos económicos. Algunos de sus ocupantes, como modistillas o emigrantes del campo, han de trabajar en casa para complementar su salario en la fábrica.
Material obtenido gracias al aporte de: artehistoria.com

No hay comentarios.:

LinkWithin