13 jun. 2010

Textos sobre la Conquista de América

Hablan los protagonistas


¿Por qué están ahí, en América?

“… servir a Dios, a su majestad, dar luz a los que estaban en tinieblas…”

Bernal Díaz del Castillo “Historia verdadera de la Conquista de Nueva España” siglo XVI. 


Nobles y aspirantes a Nobles

“Yo he hablado de nosotros, de los soldados que partimos  con Cortés, y del lugar donde fueron muertos  y si se quiere de nuestras personas, es necesario decir que éramos ‘hidalgos’, aún cuando alguno no pueda jactarse de linaje tan claro, pues es bien sabido que en este mundo los hombres no nacen todos iguales… con las acciones heroicas  y los elevados actos que hemos cumplido en las guerras luchando día y noche , sirviendo a nuestro Rey y Soberano, descubriendo estas tierras y yendo a conquistar hasta la gran ciudad de México y muchas otras provincias, que están tan lejos de Castilla, sin otro auxiliar que  el de nuestro Señor Jesucristo…, nos hemos ennoblecido más que antes.”

Bernal Díaz del Castillo “Historia verdadera de la Conquista de Nueva España” siglo XVI


Un canto triste, 1523

“El llanto se extiende,
Las lágrimas gotean allí en Tlatelolco. Por agua se fueron ya los mexicanos, la huida es general ¿Adónde vamos?
¡Oh, amigos! Ya abandonan México: el humo se está levantando, la niebla se está extinguiendo…
Llorad amigos míos, tened entendido que con estos hechos hemos perdido la nación  mexicana”.

De Cantares Mexicanos, Miguel León Portilla.


Los españoles visto por un Azteca

“Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos, solamente aparecen sus caras. Son blancas, como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga sus barbas, es amarilla; el bigote también (…)
Sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo. (…)
Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entrañas: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo que de él sale es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra en el cerebro  causando molestia. (…)

Relato de los  embajadores  que Moctezuma envió ante Hernán  Cortés

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