22 may 2022

El reformismo batllista 1903-1919

En 1903, José Batlle y Ordóñez fue elegido presidente del Uruguay. Con él se inició un nuevo período en la historia del país. Su presidencia puede ser considerada una nueva etapa de la modernización, con cambios económicos, sociales y políticos muy importantes. Por ese motivo sus reformas son llamadas las reformas del batllismo. A partir de 1904, una vez derrotado Aparicio Saravia, se produjeron gran parte de las transformaciones que marcaron al país durante casi todo el siglo XX.

Desde 1897, a pesar de no ser presidente, Batlle ya ejercía el poder. Lo mismo ocurría con el caudillo blanco Aparicio Saravia, quien desde su estancia controlaba las acciones del gobierno y amenazaba con una nueva revolución. Este período es conocido como el de la bicefalia, porque el gobierno tenía dos cabezas, tras el Pacto de la Cruz (1872). Cuando finalmente Batlle llegó al gobierno, rechazó esa situación. 
En 1904 estalló una nueva revolución encabezada por Aparicio Saravia. Durante casi nueve meses el país se vio sacudido por uno de los enfrentamientos más duros de su historia. En setiembre de ese año, con la muerte de Saravia, se firmó la paz. Era el fin de una época: la de los caudillos y las guerras civiles. Con la derrota de la Revolución Saravista el Estado se Consolida y la Modernización se expande al espectro político (esto es visible según la opinión de Barrán y Nahum por el carácter de los debates políticos de la época expresados en los diarios, las secciones de las Cámaras, etc..). A partir de ese momento, el batllismo inició una serie de acciones que se conocen como el reformismo batllista.
Las reformas fueron impulsadas y legisladas desde el gobierno. En ese proceso participaron otros grupos políticos del país, como el Partido Nacional, que muchas veces contribuyeron con sus propios proyectos a la reforma. Las principales transformaciones en materia económica se relacionaron con la nacionalización, la estatización y el fomento de la industria. Con estas medidas se buscaba crear trabajo y tener una mayor independencia económica. 
En esa época, el Uruguay era uno de los países más avanzados en cuanto a legislación laboral. Fue entonces cuando se crearon varias leyes de protección a los obreros. Otra reforma social importante fue la legalización del divorcio. La reforma política propuesta por el batllismo marcó el fin de la Constitución de 1830 y la ampliación del derecho al voto a todos los hombres mayores de 18 años y la creación de un Poder Ejecutivo colegiado.

Consecuencias políticas de la revolución de 1904 según el historiador Nahúm:
Consolidación de la unidad del Estado, con la finalización de la política de co-participación, la consolidación del poder central, la unificación política y administrativa del país
-Un gobierno excluyente de partido. Battle fue el vencedor, y recogió la Jefatura del Partido. En su proyecto pensaba gobernar sin los blancos, y con su hombre y su partido.
-Reforma electoral. Nueva reglamentación en 1904: aumento del número de diputados de 69 a 75, 7 de estos departamentos tendrían un n° de bancas divisible por tres. La intención era aumentar la participación del partido mayoritario y de disminuir la del minoritario.


Aspectos sociales y económicos del Batllismo
La industria nacional al principio del siglo XX era en su mayoría, talleres o pequeñas empresas de carácter artesanal que recién empezaban a usar maquinaria. Solo una minoría componía el grupo de los grandes establecimientos, donde se concentraban obreros y máquinas.
Bajo la segunda presidencia de Batlle se tomaron importantes medidas a favor de la diversificación de la industria. En tal sentido, el Batllismo se destacó por una política proteccionista, entre ellas se destaca:
- Ley que favorecía la plantación de remolacha y la producción azucarera. Se trataba de favorecer el surgimiento de la industria nacional y disminuir la independencia del exterior por la importación de azúcar. La misma intención tenía una ley anterior que eximía de impuestos a la importación de maquinaría textil.
- Ley 1912 que faculta al poder ejecutivo a exoneraciones impositivas (ya desde 1878, 1888 existían leyes aduaneras con un sentido proteccionista) a la importación de maquinaria agrícola e industrial, y al combustible.
-1913 proteccionismo al productos como la manteca, la leche, el Pórtland.
-Elevadísimos impuestos a los productos extranjeros competitivos nacionales: zapatos, manteca. Si el producto era materia prima o era necesario para la industrialización o se lo re-exportara, se lo exoneraba

El proteccionismo a la industria "fue, efectivo, aunque algo irregular en su alcance porque obraba, muchas veces, a impulsos de los sectores interesados" (Nahum, p. 117). Para Claps el proteccionismo no constituyó un Plan Metódico realizado por el Batllismo.
En sí mismo constituyó un fuerte debate político que generó profundas críticas y enfrentamientos entre el batllismo y aquellos que argumentaban el encarecimiento del costo de vida a causa de sus efectos más inmediatos.

La Industria por excelencia fue el frigorífico. Las causas de su desarrollo se deben en parte al perfeccionamiento de las razas animales, para ello era imprescindible que se formaran las técnicas para ayudar al hacendado y al agricultor. El Estado disponía de las recientes Facultades de Agronomía y Veterinaria, y además creó inspecciones de técnicos que debían recorrer las estancias y chacras del país para llevar ideas y vigilar el estado sanitario del ganado y los cultivos.
Por su parte el Estado, a través de Leyes, otorgó facilidades impositivas para la exportación de carne congelada y enfriada.
Para 1913 el frigorífico y la carne congelada pasaron a ser el primer exportador de carnes. En 1914 se convirtió en el primer comprador de haciendas. En solo 3 años, la industria venció por completo a los rubros tradicionales. 
La Carne Congelada significó el afianzamiento de la dominación del frigorífico, del ganado mestizo y de la estancia modernizada.  Se cerraba entonces una época en la economía del país: muerte del tasajo y estancia tradicional. 
El latifundio (Norte, Este y Centro) y el minifundio (Sur) seguían existiendo por todo el país. Ambos eran signos de formas antieconómicas de explotación de la tierra. Así se convirtieron en objeto de un intenso debate político y económico.
No tuvo propuestas para el problema del pobrerío rural. Sí combatió el ausentismo pero respecto al latifundio y la cuestión impositiva, los impuestos fiscales pensados no representaban un gran aumento en comparación al valor de las tierras.

Además del proteccionismo, dos formas claras de intervencionismo estatal fueron la nacionalización y estatización de empresas y servicios. 
La estatización formó parte de un proceso de nacionalización más amplio. Implicaba la ampliación del Capital del Estado en el plano de las empresas que brindaban los servicios esenciales. A la vez significaba el fortalecimiento del Estado que iniciaba un proceso de modernización política y de consolidación de legitimidad y poder. En sí mismo significaba la ampliación de roles secundarios del Estado, ya que tales servicios por tratarse de servicios fundamentales para el desarrollo de la sociedad debían estar en manos públicas y no privadas. El Estado era el organismo representativo de toda la sociedad y debía intervenir en dónde el capital privado fuera indeciso o temiera perder dinero, ya que el Estado no tenía fines de lucro, porque el “Estado no desea ganancias”, sino que su interés es el servicio público, porque su papel es el de protección. El Estado debía sustituir a las empresas extranjeras que se llevaban la ganancia y debilitaban al país.

En 1905 el Estado amplió su capital y amplió las obras de la Usina de Luz Eléctrica. En 1907 el Estado compró la compañía telegráfica de capitales brasileros. En 1909, el Poder Ejecutivo pidió autorización para instalar una red telefónica estatal.
El Banco República fue creado como proyecto como Banco Mixto (1896), pero las acciones no fueron vendidas, por lo que siempre se mantuvo en como propiedad estatal. En 1912, se promulgó un nuevo proyecto de ley para aumentar los préstamos que el Banco daba al medio rural con capital propio. En 1913 se elevó el capital total a veinticinco millones de pesos, completándose el proceso de estatización.
En 1912 se procede a la Estatización del Banco Hipotecario. La función del Banco era la regulación del crédito sobre inmuebles, influyendo también en la industria de la construcción y en los negocios territoriales en el medio rural, su papel era demasiado importante como para quedar en manos de especuladores que sólo buscaban la ganancia fácil. 
En 1911 se crea el Banco de Seguros del Estado. En abril de 1911 el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley por el cual el Estado pasaba a monopolizar todos los seguros que se realizaran en el país. Sólo el Estado que no buscaba ganancias y que tenía la obligación de cumplir con una finalidad social, podía haberes cargo de éste rubro con beneficio a la colectividad. También se evitaría la fuga de capitales de las empresas inglesas al exterior. Este fue un proyecto revolucionario ya que no se había realizado en ninguna parte del mundo, por lo que tuvo mucha oposición. Incluso la Legación de Inglaterra en el Uruguay dirigió una protesta en la que anunciaba que su Gobierno apoyaría las reclamaciones que elevaran las compañías inglesas afectadas.
En 1912 se obtiene Monopolio de la Usina Eléctrica de Montevideo fue administrada por particulares desde 1887 a 1897, en ésta última fecha hasta 1906 pasó a la administración provisoria del Estado. En 1912 se da la transformación de “Usinas Eléctricas de Montevideo “ en Usinas Eléctricas del Estado, fundando un nuevo monopolio con la generación y distribución de la energía. Además el Estado se preocuparía por el mejor servicio y no por la ganancia, extendiendo las líneas para beneficiar a más sectores de la población, podrían rebajarse las tarifas ya que el objetivo no era el lucro.
En 1915 se crean los Ferrocarriles del Estado. La Administración de Ferrocarriles del Estado fue creada recién en 1915, bajo la Presidencia de Feliciano Viera, pero tiene sus orígenes en Batlle. Las líneas férreas en el Uruguay, estaban íntegramente en manos de compañías inglesas. una de las medidas adoptadas para combatir a la empresa extranjera fue la construcción de carreteras paralelas a las vías férreas, se procuró canalizar el transporte al puerto capitalino de la producción agropecuaria. La existencia de otro medio de transporte era una forma de quebrar con el monopolio ferroviario y de obligar a bajar los fletes por la competencia. Otro recurso fue buscar la creación de ferrocarriles estatales, durante este período de gobierno hubo dos iniciativas, la primera fue en 1912, cuando la Asamblea aprobó la formación de un fondo para la construcción de ferrocarriles nacionales. La segunda iniciativa es de 1914, donde autorizaba al Poder Ejecutivo a adquirir las acciones de Ferrocarril y Tranvía del Norte que estuvieran en manos de particulares. La importancia de esta compra radicaba en que el ferrocarril estaba en Montevideo, con lo cual la rompería el monopolio del acceso a la capital. Además fue la base para seguir comprando o arrendando extensiones férreas que pasaron a depender del Estado, haciendo competencia al ferrocarril inglés de altos fletes.

La creciente intervención estatal en lo económico y social, provocó la necesidad de modernizar la estructura administrativa del Estado, por lo que el Gobierno (durante la presidencia de Williman) realizó una reorganización ministerial. Así surgieron los ministerios del Interior, el de Industria, el de Trabajo y Obras Públicas y el de Instrucción Pública.

La prosperidad económica del país, la obra moderada del Gobierno y la política conservadora dineros públicos, dejaron un superávit presupuestal, que fue invertido en obras viales, portuarias y en la creación de escuelas. El país gozaba de un alto crédito exterior.

En el plano social, el movimiento obrero hizo sentir sus reclamos de mejoras de salario y la disminución de la jornada de trabajo, por lo que en febrero de 1905, Carlos Roxlo y Luis Alberto de Herrera presentaron un proyecto de ley que fijaba la jornada en diez horas, limitaba el trabajo a mujeres y niños, compensaba accidentes de trabajo y establecía norma de higiene en los talleres.

Batlle envía un proyecto similar donde se establecía que la jornada de trabajo sin interrupción no duraría más de ocho horas, establecía un día de descanso para el obrero y un mes de descanso para las mujeres después del parto. Además disminuye la jornada de trabajo de los menores. Este proyecto no se concretó.
En 1904 se sancionó el proyecto de Antonio María Rodríguez sobre la Caja de Jubilaciones Civiles”, por lo cual los empleados públicos tenían derecho a jubilarse si tenían más de diez años de trabajo y recibirán ¾ partes su sueldo, y la viuda recibiría la mitad como pensión.
En 1905 un diputado cercano al Presidente presentó un proyecto de ley sobre divorcio que causó una gran conmoción, al punto que se afirmó un petitorio de rechazo, firmado por miles de mujeres acusando a Batlle de tomar una medida que se consideraba destructora de la vida familiar. Algo similar sucedió cuando el Gobierno ordenó retirar las imágenes religiosas de los hospitales.
En 1906 Batlle presentó un proyecto para abolir la pena de muerte, sustituyéndola por una reclusión mínima de treinta años o una máxima de cuarenta, con la posibilidad de libertad condicional a la mitad del plazo.
El único proyecto de ley favorable a la clase obrera dentro del Gobierno de Williman fue enviado por el Poder Ejecutivo a la Asamblea. Era una iniciativa sobre accidentes de trabajo. Este proyecto fue aprobado recién en 1920.
La ley de ocho horas  tiene como objetivos según afirmaba el propio José Batlle y Ordoñez, que el obrero pudiera vivir además de trabajar, recrearse, leer, interesarse en la política y convertirse en un ciudadano. En el plano internacional, transforma al Uruguay en un país adelantado y al nivel de las potencias europeas (Francia e Inglaterra).

Ley sobre prevención de accidentes de trabajo de 1914 incluía normas de seguridad muy severas. Esta ley sancionada recién en 1920, completando con los pagos de indemnización por accidentes de trabajo.
Proyecto de ley sobre pensiones a la vejez, este proyecto fue enviado por el Poder Ejecutivo en 1914. Fue una iniciativa típicamente humanitaria, por la cual establecía que toda persona mayor de 65 años que se encontraba en indigencia, tenía derecho a recibir una pensión. Un proyecto similar a éste se aprobó en 1919.
Proyecto de ley sobre indemnización por despido, al estallar la Primera Guerra Mundial muchos empleados fueron despedidos por temor a una crisis económica. El Poder Ejecutivo envió un proyecto a la Asamblea que establecía que el empleado despedido que hubiera servido dos años tenía derecho a algunos días de sueldo como compensación; el que hubiera trabajado más tiempo, un mes de sueldo cada dos años de trabajo y que en todos los casos el patrón tenía que dar un preaviso. Esta ley es la primera protección contra el despido en nuestro país, fue aprobada en 1914.

Texto realizado gracias al aporte de:
http://contenidoseducativosdigitales.edu.uy/contenido/la-revolucion-de-1904/

http://historiaciclobasicolacoronilla.webnode.es/sexto-derecho/epoca-batllista/

Presentación sobre Segunda Guerra Mundial

9 may 2022

Anarquismo: principales características y representantes

El término anarquismo es de origen griego y significa “sin autoridad ni poder”. Esta ideología, junto con el marxismo, constituye una de las corrientes del “socialismo”. Ambas, anarquismo y marxismo, coinciden en la crítica al capitalismo y en la necesidad de su eliminación, pero difieren en cuanto a los métodos para conseguirlo y también en los fines propios de la acción revolucionaria. De hecho, a lo largo del siglo XIX ambos pensamientos se fueron alejando progresivamente, hasta convertirse en antagonistas.
El anarquismo alcanzó su máxima influencia en el seno de sociedades escasamente industrializadas -España, Italia y Rusia-, además de centros industrializados. En España el anarcosindicalismo se materializó en la creación de organizaciones como la CNT (Confederación General del Trabajo) que jugaron un importante papel, especialmente en el primer tercio del siglo XX.
La teoría anarquista
El pensamiento anarquista no es uniforme, sin embargo, sus defensores comparten algunas ideas afines, por ejemplo:

El rechazo de cualquier tipo de autoridad -en especial la del Estado- y el repudio a cualquier forma de organización autoritaria, sea de carácter partidista, administrativa o religiosa. Junto al rechazo a la autoridad preconiza la libertad individual. Para los anarquistas el Estado capitalista constituye una estructura que posibilita la explotación de la clase obrera y por ello debe ser destruido. Rechaza tanto el juego político, el sufragio, como la organización de partidos. El medio fundamental para eliminar al Estado es la huelga general, que permite arruinar a la burguesía. La organización social ha de estructurarse de abajo hacia arriba, partiendo de pequeñas comunidades autosuficientes y por la libre decisión de sus miembros. Se preconiza la idea de cooperativismo, autogestión, federación, etc.
La abolición de la propiedad privada, ya que ésta es considerada como un robo cuando se consigue sin trabajo. El derecho a la herencia (origen del status social) ha de eliminarse y sustituirse por la colectivización de los bienes.
La importancia de la educación, el hombre solo será libre cuando sea capaz de pensar por sí mismo y el mejor medio para conseguirlo es una esmerada instrucción, educación que no debería transmitir los valores de la clases dominantes.

Marx y el Marxismo


Socialismo científico o marxismo
Partiendo del estudio histórico sobre la transición de unas sociedades a otras, Karl Marx y su amigo Friedrich Engels realizaron un análisis de la sociedad capitalista, indagando en sus contradicciones y planteando los medios para su destrucción.
El marxismo pretende remplazar al llamado "socialismo utópico" como corriente ideológica obrerista dominante. Fue precisamente en 1848 cuando se publicó el "Manifiesto comunista, la obra más conocida del marxismo.
Las ideas marxistas no conforman un bloque unitario, pues los escritos de Marx han ido completándose con el tiempo y han sido objeto de varias
revisiones. En sus escritos como "Tesis sobre Feuerbach" (1845), "Miseria de la Filosofía" (1847), el ya aludido "Manifiesto Comunista" y sobre todo "El Capital", Marx y Engels desarrollaron una teoría en la que destacan los siguientes aspectos y puntos de vistas:
La plusvalía
Podría definirse como la diferencia entre la riqueza producida por el trabajo del obrero y el salario que éste recibe del patrono. Esa remuneración sirve para hacer frente a los gastos de alimentación, vestido y el alojamiento que necesita para subsistir y seguir trabajando pero no satisface el total del valor del trabajo desarrollado. Este hecho conlleva el enriquecimiento del capitalista, producto de la apropiación de parte la actividad realizada. La plusvalía sería por tanto, la parte del trabajo que el empresario deja de satisfacer al trabajador.
La lucha de clases
Las clases sociales para el marxismo están definidas por las relaciones de producción, es decir, por la forma en que los hombres producen mercancías. En el seno de las relaciones de producción, el papel que ocupa cada individuo está determinado por la división del trabajo, es decir, aquellos que desarrollan una misma actividad -y por tanto están sometidos a unas idénticas condiciones- conforman una clase social. Las clases sociales vienen determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. Unos la producen y otros se apropian de una porción de la misma. De esa relación no cabe esperar sino el antagonismo y la hostilidad entre explotados y explotadores.

A lo largo de la historia siempre ha habido clases enfrentadas. En las sociedades esclavistas (Grecia y Roma en la Antigüedad) fueron antagónicos los propietarios libres y los esclavos; en el seno de la sociedad feudal el enfrentamiento se estableció entre nobles y eclesiásticos por un lado y siervos por otro.
En el seno de la sociedad capitalista ocurre igual: la lucha de clases es protagonizada por la burguesía, propietaria de los medios de producción (capital, fábricas, máquinas, transportes, etc.) y por el proletariado que, al disponer únicamente de su fuerza de trabajo, se ve obligado a venderla a cambio de un salario que escasamente sirve para satisfacer la supervivencia. Los intereses de ambas clases son antagónicos e incompatibles y conducirán indefectiblemente al enfrentamiento. A medida que el capitalismo vaya desarrollándose el número de obreros se incrementará, lo que unido al deterioro de sus condiciones de vida, conducirá a la revolución.
La revolución tendrá como objetivo conseguir una sociedad perfecta donde no existan ni explotadores ni explotados. Para ello será imprescindible la abolición de la propiedad privada, es decir, la socialización los medios de producción, evitando la mera sustitución de los antiguos propietarios por otros nuevos.
La dictadura del proletariado
Una vez que la clase obrera haya tomado conciencia de la explotación que sufre, se organizará en torno a  
partidos de carácter revolucionario, siendo dirigida por una vanguardia especialmente capacitada y activa, empeñada en planificar la destrucción del sistema capitalista. Esa acción que no debería circunscribirse a un solo país ya los intereses de la clase trabajadora idénticos en todo el mundo capitalista, habría de concertarse con un carácter internacional.
A través de la acción revolucionaria los obreros deben derribar el gobierno de la burguesía y sustituirlo por uno de carácter obrero. Eso puede requerir el uso de la violencia, pues los trabajadores se encontrarán con la oposición de la clase dominante.
Una vez conseguido el control del Estado será necesario salvaguardar las conquistas realizadas mediante el ejercicio de una dictadura de los trabajadores, constituyendo éste el primer paso hacia la consecución de una sociedad comunista sin clases.

El nuevo Estado que surge de la revolución habrá de suprimir la propiedad privada de los medios de producción (elemento primordial en la explotación de la clase obrera) y sustituirla por la propiedad colectiva.
La tesis de la dictadura del proletariado ha sido una de las más controvertidas del marxismo, ya que implica la conquista de una de las claves de la superestructura social: el Estado.
La sociedad sin clases
Una vez consolidado el nuevo las relaciones de producción se habrán transformado y los medios de producción no estarán concentrados en manos de una minoría, sino que serán colectivos. Por lo tanto, ya no habrá ni opresores ni oprimidos, tan sólo una clase social, la trabajadora. En su seno regirá la solidaridad y la armonía entre hombre y trabajo, éste ya no será fuente de sufrimiento y
alienación. Se disiparán asimismo las diferencias entre agro y ciudad, entre trabajo manual e intelectual. Esa es la sociedad comunista para Marx.


Datos extraídos de: http://www.nodo50.org/garibaldi/contenido/introducc.htm
y clasesdehistoria




Características del Liberalismo en la 1era. mitad del siglo XIX

Los antecedentes políticos, más inmediatos del Liberalismo, se encuentran en la Ilustración (siglo XVIII), por ejemplo, en la obra de Locke, también en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789 y la constitución Francesa de 1791. En lo económico, en la escuela francesa Fisiocrática del siglo XVIII, y especialmente en la Escuela Clásica Liberal, con su principal representante: Adam Smith.
Pero, sin duda, es el siglo XIX y especialmente la Revolución Industrial  con la consolidación de la burguesía, los factores determinantes  que fomentarán la configuración de este cuerpo ideológico. El liberalismo justificará y fundamentará sus propuestas en base a las necesidades de este creciente sector social, cada vez más poderos -económicamente hablando- que busca en la acción política las bases de su desarrollo.
En las siguientes imágenes se exponen, de forma sintéticas, algunos de los principales postulados (políticos y económicos) del Liberalismo (en la 1era. mitad del siglo XIX):





3 may 2022

"Tiempos Modernos" de Charles Chaplin

Trabajo de análisis cinematográfico para los alumnos de 3er. Año de Ciclo Básico 


Título original: "Modern times"
Nacionalidad: EE. UU.
Año de producción: 1936
Duración: 87 minutos
Ficha técnica
Director y guionista: Charles Chaplin
Producción de: Charles Chaplin
Directores de  fotografía: Roland Totheroh e Ira Morgan
Directores artísticos:  Charles D. Hall y Russell Spencer
Montador: Charles Chaplin
Compositor: Charles Chaplin
Director musical: Alfred Newman
Ficha artística 
Obrero de la fábrica: Charles Chaplin
Huérfana: Paulette Goddard
Propietario del  restaurante: Henry Bergman
Big Bill y trabajador: Stanley J. (Tiny) Sandford
Mecánico: Chester Conklin
Ladrón: Hank Mann
Jefe de la Fábrica: Allan Garcia

Sinopsis: 
Charlot trabaja en una de las fábricas del sector del acero. Debido al ritmo frenético de la cadena de montaje, termina perdiendo la razón. Tras salir del hospital en el que estaba en tratamiento, se ve involucrado casualmente en una manifestación y es encarcelado al ser confundido con un líder comunista y ser considerado el instigador de dicha revuelta. 
Una vez libre, re-emprende la lucha por la supervivencia junto a una joven huérfana con la que compartirá su sueño por una vida mejor. 

Análisis de los primeros 19 minutos

1- La película comienza con las imágenes de un reloj y un rebaño de ovejas, son una metáfora, propia del cine mudo, para decirnos algo sin palabras ¿Qué crees que se quiere trasmitir con estas imágenes?
2- Describe qué características tiene el lugar de trabajo (tomo en cuanta: qué se produce, cómo se trabaja, qué relación hay entre los compañeros de trabajo, sus supervisores o jefes, etc.)
3- ¿Cuál es el rol de la máquina y la línea de montaje en el proceso fabril?
4- Lee con atención el testimonio del obrero de Citroen y observa la imagen inferior:
      a) Establece como es el trabajo de producción en serie.
      b) ¿Qué ventajas tiene este sistema para la producción? ¿Podrías establecer alguna desventaja? Desarrolla tu respuesta.
5- ¿Cómo aparece representado el dueño de la fábrica o jefe? ¿Qué tipo de actividades parecen ser las que habitualmente desarrolla? ¿Cómo pretende mejorar la efectividad en la producción?
6- Observa la escena donde aparece el complejo aparato que pretende dar de comer al trabajador. ¿Cuál era su finalidad última? ¿Por qué lo rechaza el empresario?
7- Busca la definición de la palabra "alienación". ¿Qué relación tiene con dicho film?
8- Pese a lo dramático del contenido, nos hayamos ante una película cómica. ¿Te ha resultado divertida? ¿Qué escenas te han hecho reír?
9- En estos minutos aparece representado varios obreros manifestándose: observa los carteles, ¿qué crees que están reclamando?
10- ¿Cuál es la actitud de la policía?




















El trabajo según un obrero de la Citroen
“… cada hombre tiene un área bien definida para las operaciones que tiene que desempeñar, aunque sus límites son invisibles: tan pronto como un coche entra en el territorio de un hombre, éste toma el soldador, el fundente, su martillo o su lima y pone manos a la obra. Unos pocos golpes, una cuantas chispas, y la soldadura ha acabado, el coche ya se ha alejado unos cuantos metros de su posición y el próximo coche está llegando al área de trabajo. Entonces el obrero vuelve a empezar… A veces, si ha trabajado deprisa, tiene unos pocos segundos de respiro antes de que llegue el siguiente coche: entonces lo aprovecha para descansar unos instantes, o intensificar su esfuerzo y ‘remonta la cadena’ para ganar un poco de tiempo…, si, por otro lado, el trabajo es demasiado lento, ‘va descendiendo’ de tal modo que se encuentra progresivamente por detrás de su posición, realizando aún su trabajo cuando el siguiente obrero ya ha iniciado el suyo. Entonces tiene que darse más prisa, tratando de retomar el ritmo; y el lento movimiento, que a mí me parece que no es movimiento en absoluto, parece tan desbocado como un torrente furioso que no se puede contener… en ocasiones en tan terrible como ahogarse”

(Obrero de la Citroen -Francia- citado por Giddens, 1997, Pág. 530)


El trabajo, ¿embrutece o ennoblece?
"Ciertamente que el trabajo produce maravillas para los ricos, pero sólo privaciones para el trabajador. Produce palacios, pero chozas para el obrero. Produce bellezas, pero deformidad. Sustituye el trabajo por máquinas, pero arroja una parte de trabajadores a un trabajo bárbaro y convierte en máquinas a la mayor parte.
Produce espíritu, pero origina estupidez y cretinismo en el trabajador. El trabajo es externo al trabajador, pues en el trabajo no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo y en el trabajo, fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es así voluntario, sino forzado. Por eso, no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo...
(Marx, Manuscritos de economía y filosofía)

1 may 2022

Los trabajos y los días: homenaje al 1° de mayo

 Las representaciones sobre el trabajo y, especialmente sobre el trabajador, han estado siempre presentes en la historia del arte, y están íntimamente ligadas a la tonalidad histórica sobre las significaciones de poder y del espacio público. El hecho de que la mayoría de las imágenes que se seleccionan, a la hora de abordar este tema desde la plástica, no nos hablen directamente del trabajo como un valor en sí mismo, no es extraño. Para encontrar imágenes de este tipo deberíamos acudir al momento de auge en plena industrialización. Generalmente las representaciones aparecen como alegoría y habilidades y no como un fin en si mismo, lanzado a una productividad tan heroica como ciega. Encontramos desde tiempos remotos -no sólo en el arte occidente, sino también oriental-, representaciones del trabajo y de los trabajadores como contexto de relatos que le son ajenos y que les pertenecen a otros (trabajos realizados para el faraón, campesinos de tal o cual señor feudal, la servidumbre de una corte, etc.).

Las horas dedicadas al trabajo han aumentado extraordinariamente en el siglo XX, así como es este siglo el gran inventor de las vacaciones; el rol que cumple el mundo del trabajo en nuestra vidas hace parecer cierto que trabajar es el destino universal del hombre, pero sólo quien esté dispuesto a hacerlo podrá con él, como afirmaba el poeta griego Hesíodo
Son tan habituales, para nosotros, las imágenes que hacen referencia al trabajo (y lo que parece ser su antónimo: el ocio) que no nos resultan extraño verlo en cartelería de propaganda, en los medios masivos de comunicación, etc. Pero no fue hasta el siglo XIX que el mundo del trabajo se hizo tema específico, "digno", de ser representados y contado por el artistas. El trabajador entra a los museos y a la iconografía en general, luego de un siglo convulsionado por el origen de una nueva clase social: el proletariado (el obrero industrial).
En esta ocasión, y en conmemoración al 1º de mayo Día Internacional del Trabajador, les presento algunas imágenes que hacen referencia al trabajo y al trabajador desde varias perspectivas: su labor, su condición social, su lucha, etc.


PIETER BRUEGEL (o Brueghel) "EL VIEJO" "Los segadores"
La veracidad y la actitud con la que están pintados los campesinos, la convincente descripción del calor del mediodía, la luz brillante y el vasto panorama muestra la genialidad de Bruegel. Campesinos y paisajes mancomunados parecen ser los protagonistas. No es una visión trágica, sino más bien una metáfora de la relación entre el hombre y su medio. Éste es uno de 5 paneles dedicados a los meses que sobreviven hoy día, data de 1565 y alude al mes de agosto.
JEAN-FRANÇOIS MILLET, "Las espigadoras"
Las figuras humanas definidas con vigor sobre un fondo de paisaje verídico. Con estas  creaciones carentes de retórica e imbuidas de un profundo sentido de lo cotidiano, Millet abrió el camino al realismo pictórico y dejó un modelo en el que se inspiró, entre otros, Courbet. Destaca el refinamiento del cuadro y su técnica original, sobre todo en sus dibujos, muy sobrios. Muchos consideran ésta obra como socialista y revolucionaria, como símbolo de reivindicación de la igualdad de los hombres. Pero, lo cierto es que las figuras encajan en un paisaje donde no parece existir tensión.

PABLO PICASSO, "La planchadora"
Este cuadro angustioso y de grandes proporciones, procedente de la colección Thannhäuser, es de 1904. Daumier y Degas ya habían tratado el mismo tema. Pero la expresiva actitud de esta frágil mujer que deja caer con cansancio su peso sobre la plancha, se inspira en el previo tratamiento de Degas. Esta figura demacrada es impensable para los retratistas de épocas anteriores, ni siquiera para aquellos que retrataron la miseria urbana de comienzos del siglo XIX.
ANTONIO BERNI, "Manifestación"
Esta obra pertenece a su etapa de "realismo social". Un hombre de ideología, que luchó por ello, pero lo hizo con gran ternura y con un trasfondo casi épico. Se identificó y e integró ese mundo arrabales, inmigrantes y miseria. De París trajo una gran carga política, influido por su intensa vinculación con los artistas surrealistas. Ese mundo de decadencia pintado casi de fantasía ahora le era real; lo tenía ahí en su pueblo, en su país. Bretón decía "lo imaginario es lo que tiende a convertirse en real". Comenzó en 1934 a mostrar la problemática social de la década del 30. De ese año son "Desocupados" "Manifestación".

GIUSEPPE PELLIZZA DA VOLPEDO "El cuarto Estado"
Esta obra realizada en 1901 se ha transformado en un ícono para el movimiento obrero, especialmente a la hora de abordar la conformación de la sociedad de clases y la cuestión social. Este artista pretende en sus obras refleja la sociedad de su época de una forma realista y fiel. Con el cuarto estado se refiere al proletariado, aquel grupo que no tiene cabida en los otros estamentos, representa el éxodo rural que llevó a muchos campesinos a las grandes ciudades en busca de trabajo y huir de las condiciones precarias de la actividad agraria y que terminarán como obreros fabriles en condiciones miserables. En un primer plano tres protagonistas marcas el presente de lucha y el futuro representado en ese bebe que carga la mujer.
HUBERT von HERKOMER, "En huelga".
También es un cuadro realista, pero, en mi opinión, es una de las obras más conmovedoras a la hora de encarar la huelga o la situación del obrero a fines del siglo XIX como tema plástico. El significado de la huelga dista mucho de lo que puede representar hoy día para la mayoría las personas. Aquí hay una carga trágica y de desolación, la figura masculina sintiendo las consecuencias de su situación. La escena se magnifica por la representación de la mujer y los niños dentro del hogar. Herkomer ha colocado a la cabeza del niño más joven en el mismo nivel que sus padres, lo que indica una importancia de la difícil situación de los niños. El niño sostiene una cuchara en la mano, recordando la falta de alimentos, y el vestido rojo del niño es un dispositivo atractivo para mantener al espectador a las figuras centrales, así como el equilibrio de la coloración de los ladrillos de los alrededores.


Material elaborado por la docente tomando como referencia. "Por amor al Arte". Ed. Atlántida, Bs.As. 1999. "El mundo de la pintura" Ed. Océano, Barcelona. "Historia del Arte" E. H. Gombrich, Ed. Phaidon, 2000.
http://www.oni.escuelas.edu.ar/

1º de Mayo Día Internacional del Trabajador

  1° de Mayo y los Mártires de Chicago

    El movimiento obrero y sus reivindicaciones pueden documentarse casi desde los comienzos de la Revolución Industrial (mediados del siglo XVIII). Sofocado en sus comienzos, será para 1850, con el crecimiento vertiginoso de la industria, que los obreros comenzarán a tomar un nuevo protagonismo. Serán los promotores de múltiples formas de organización y con una conciencia propia sobre su situación es, sin duda, el movimiento sindical, uno de los aspectos más trascendentes de lo que llamamos "movimiento obrero".
     La actitud de crítica con respectos a los problemas laborales o lo que se denomina  "cuestión social" de los trabajadores, vienen de la mano con propuestas y reivindicaciones de lo que serán los derechos laborales. Una de las primeras reivindicaciones de los obreros será la jornada laboral de las 8 horas, que se transformará en un símbolo de los reclamos sindicales.
En noviembre de 1884 se celebró en Chicago el Congreso de la Federación Americana del Trabajo (reunía sindicatos de Estado Unidos y Canadá), en el que se propuso que a partir del 1º de mayo (en este mes se renuevan la mayoría de los contratos laborales en Estados Unidos) de 1886 se exigiera a los patrones el cumplimiento de una jornada laboral de 8 horas y, de no ser así, se iría a huelga. Llegada la fecha, las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron.

La lucha por las 8 horas
     La reivindicación de las 8 horas tenía amplio apoyo en Chicago. Allí la jornada se extendía desde las 4 de la mañana hasta las 8 de la noche. Aquellos que trabajaban 14 o 15 horas se consideraban afortunados. El 1º de mayo de 1886 comenzó una huelga en la ciudad que comenzó con 40 mil trabajadores  llegando a los 65 mil. La adhesión de los trabajadores a la medida no era fácil. Chicago era patrullada constantemente por la policía que, junto con elementos patronales, organizaba provocaciones contra cualquier grupo de trabajadores. Al trabajador en huelga le quedaban dos alternativas: o se quedaba refugiado en su casa o andaba en grupo con sus compañeros de trabajo. El espacio público de la ciudad era disputado de hecho entre la clase obrera y la burguesía.
Placa conmemorativa del gobierno de Chicago
dedicada a los trabajadores involucrados en el incidente de 
Haymarket, los mártires de Chicago.
En rotulador, "Primero tomaron vuestras vidas, 
ahora explotan vuestra memoria".
     El episodio más famoso de esta lucha fue el funesto incidente del 4 de mayo de 1886 en la Plaza Haymarket de Chicago; se celebró un acto de repudio a una brutal represión ocurrida el día anterior contra unos huelguistas. Cerca del final del acto ingresó a la plaza un escuadrón policial. Una bomba fue arrojada y al explotar mató a un policía e hirió a otros. De inmediato la respuesta policial dejo un tendal de unos 40 manifestantes muertos y decenas de heridos. No satisfecho con eso el gobierno de Illinois acusó a varios dirigentes obreros por esos hechos. Aunque nunca se probó quién fue el responsable de dicho atentado, en 1887, ocho líderes sindicalistas y anarquistas fueron acusados, juzgados y condenados a muerte. Fueron ahorcados (menos uno que apareció muerto en su celda) a pesar del reclamo y la oposición mundial.
Ilustración contemporánea de la bomba de Haymarket
Grabado que muestra la explosión en la 
Revuelta de Haymarket
     La elección de los acusados fue política. Dos de ellos ni siquiera estuvieron en la manifestación de Haymarket, otros se habían retirado antes de la explosión. Lo que quedaba claro era que se ponía en juicio las ideas políticas de estos sindicalistas, dicho explícitamente por la acusación en varios tramos del juicio, plagado de vicios legales, falta de garantías, testigos falsos y demás catálogo de violencias y trampas a que fueron sometidos los trabajadores. La índole fraudulenta del juicio fue tan evidente que, aun en medio de una ensordecedora campaña nacionalista contra los "terroristas extranjeros" (ya que muchos obreros eran inmigrantes), el jurado no se atrevió a condenar a muerte a todos los acusados, como era la intención primera de los organizadores del juicio. Años más tarde el gobernador Altgeld afirmó que el juicio que los condenó se caracterizó por "la histeria", lo que estaba en juicio eran las idean anarquistas y se esperaba que "con la muerte de estos militantes murieran dichas ideas".
     El 11 de noviembre de 1887 Spies, Engel, Fischer y Parsons fueron ahorcados. Unos días antes Louis Lingg se había quitado la vida en su celda. A partir de ese momento fueron conocidos como los "Mártires de Chicago" y considerados "héroes" de la clase trabajadora. En su funeral asistieron más de 25.000 trabajadores. Los otros compañeros (Fielden, Schwab y Neebe) pasaron largos años en prisión hasta que el peso de las mentiras acumuladas obligó a una revisión del proceso que concluyó con la libertad de los tres sobrevivientes. El 26 de junio 1893 el gobernador Altgeld los puso en libertad y dejó en claro eran inocentes del delito por el que habían sido juzgado: "ellos y los ahorcados fueron las víctimas de la histeria, de jurados tendenciosos y de un juez sesgado".

La sentencia:
     El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista), August Spies (alemán, 31 años, periodista), Adolph Fischer (alemán, 30 años, periodista) y Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo). Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) se había suicidado antes en su propia celda. A Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil) les fue conmutada la pena por cadena perpetua y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor) fue condenado a 15 años de trabajos forzados.
Dos años después, en julio de 1889, la Segunda Internacional reunida en París resolvió que “Se organizará una gran manifestación en fecha fija, de tal manera que simultáneamente en todos los países y en todas las ciudades en el mismo día convenido, los trabajadores pedirán a las autoridades oficiales la reducción, mediante una ley, de la jornada de trabajo a 8 horas... En vista que una manifestación análoga ha sido aprobada para el 1º de Mayo de 1890 por la Federación Americana del Trabajo, en su Congreso celebrado en Saint Louis... se adopta esa fecha para la manifestación internacional”.

Relato de la ejecución por José Martí, corresponsal en Chicago del periódico La Nación de Buenos Aires:
...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...
José Martí

Material elaborado gracias al aporte de:
"Historia del Mundo Contemporáneo" de Antonio Fernández, Ed. Vicens Vives

28 abr 2022

"El Gran Dictador" de Charles Chaplin, 1940

Título original: The great dictator
Dirección, producción y guión: Charles Chaplin (Estados Unidos, 1940)
Fotografía: Karl Struss y Roland Totheroh
Música: Meredith Wilson y Charles Chaplin
Dirección artística: J. Russell Spencer
Montaje: Willard Nico
Interpretación: Charles Chaplin (El barbero judío / Adenoid Hynkel, dictador de Tomania), Paulette Goddard (Hannah), Jack Oakie (Benzino Napaloni, dictador de Bacteria), Reginald Gardiner (Schulz), Henry Daniell (Garbitsch), Billy Gilbert (Herring), Maurice Moscovich (Señor Jaeckel), Emma Dunn (Señora Jaeckel), Bernard Gorcey (Señor Mann)
Duración: 124 minutos

Sinopsis
Un barbero judío que combatió con el ejército de Tomania en la primera guerra mundial vuelve a su casa años después del fin del conflicto. Amnèsico a causa de un accidente de avión, no recuerda prácticamente nada de su vida pasada y no conoce la situación política actual del país: Adenoid Hynkel, un dictador fascista y racista, ha llegado al poder y ha iniciado la persecución del pueblo judío, a quien considera responsable de la situación de crisis que vive el país. Paralelamente, Hynkel y sus colaboradores han empezado a preparar una ofensiva militar destinada a la conquista de todo el mundo.

Una historia dual
Chaplin adopta desde el principio una estructura dual, mostrando de manera paralela las actividades del dictador Hynkel y sus colaboradores en la sede del gobierno de Tomania y las peripecias del barbero judío en su regreso a casa tras pasar muchos años en un hospital militar. Esta dualidad sirve al actor y director para parodiar el gobierno fascista y totalitario y, a la vez, para mostrar las pobres y miserables condiciones del gueto judío, atacado regularmente por las fuerzas de asalto del régimen. Pero a diferencia de Hynkel, que basa toda su fuerza en la palabra, el personaje del barbero judío, mucho menos trabajado que el del dictador, juega también un papel clave en el contexto de la filmografía de Chaplin, puesto que representa una clara evolución del personaje que hasta entonces había protagonizado la práctica totalidad de su obra, Charlot, el vagabundo ingenuo y solitario. El personaje del barbero, igualmente solitario y inocente, prácticamente no habla a lo largo de la película y, cuando habla, sus palabras no tienen relevancia con respecto al desarrollo de la acción. En el momento decisivo de la historia, el discurso final, el personaje se transforma en el verdadero Charles Chaplin. El gran dictador, es su primera película hablada, que lanza un canto a la esperanza tan optimista como desesperado. Charlot, alter ego de Chaplin en sus películas anteriores, ha muerto.


Un canto a la esperanza
El gran dictador, más que una crítica al fascismo y a los gobiernos totalitarios, más allá de la parodia / caricatura grotesca que propone de los gobiernos de Adolf Hitler y Benito Mussolini, es un canto a la esperanza, un canto a la democracia, la paz y la libertad. El mensaje del film, claro y contundente, es subrayado por Chaplin en el mítico discurso final, organizado para celebrar la anexión de Ostelrich a Tomania. El dictador Hynkel es confundido con el barbero judío por sus propios hombres (los dos personajes son interpretados por Chaplin), y este, tras el discurso del ministro de propaganda Garbitsch - "Hoy en día, democracia, libertad y igualdad son palabras que enloquecen al pueblo. No hay ninguna nación que progrese con estas ideas, que le apartan del camino de la acción. Por esto las hemos abolido. En el futuro cada hombre tendrá que servir al Estado con absoluta obediencia" - se ve obligado a dirigirse a una audiencia de millones de personas: "Nos hemos de ayudar los unos a los otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todo el mundo (...) El camino de la vida puede ser libre y bonito, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos: el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo. (...) La desgracia que padecemos no es nada más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que tienen miedo de seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores y el poder que tomaron al pueblo será reintegrado al pueblo y así, mientras el hombre exista, la libertad no desaparecerá".
El contexto político de la época impediría que este contundente mensaje de paz y libertad llegara dónde tenía que llegar: la película sería prohibida de manera fulminante en Alemania (Hitler ya había prohibido de manera explícita las películas de Chaplin en el año 1937), Italia y todos los países ocupados por estas dos potencias, y tampoco se estrenaría en Brasil, Argentina y Costa Rica, entre otros países. En España, la película permanecería prohibida hasta en el año 1976. Tras el sangrante desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y de las atrocidades cometidas por el régimen nazi en los campos de concentración, Chaplin matizaría sus palabras y la verdadera intención de la película en sus memorias (publicadas en el año 1964): "Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar la película: no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis; no obstante, estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura".

Texto elaborado gracias al aporte de: http://www.edualter.org/material/

Un estudio sobre los orígenes del Fascismo y el Nazismo

A lo largo del siglo xix las tres principales familias políticas fueron el liberalismo, el conservadurismo y el socialismo; en las dos últimas décadas emergió una nueva derecha intensamente nacionalista y antisemita que fue capaz de movilizar y ganar la adhesión de diferentes sectores sociales, tanto en Viena como en París y en Berlín. El fascismo se nutrió de ideas y de actitudes distintivas de la derecha radical de fines del siglo xix, en el sentido de que ambos recogieron sentimientos de frustración al tiempo que asumieron la violenta negación de las promesas de progreso basadas en la razón enunciadas por el liberalismo y el socialismo. Pero además, en el marco de la democracia de masas, las ceremonias patrias junto con numerosos grupos –las sociedades corales masculinas, las del tiro al blanco y las de gimnastas– fomentaron y canalizaron mediante sus actos festivos y sus liturgias la conformación de un nuevo culto político, el del nacionalismo, que convocaba a una participación política más vital y comunitaria que la idea “burguesa” de democracia parlamentaria.
Aunque es posible reconocer continuidades entre ideas y sentimientos gestados a fines del siglo XIX y los asumidos más tarde por los fascistas, muy seguramente, sin la catástrofe de la Gran Guerra y la miseria social derivada de la crisis económica de 1929, el nazifascismo no se hubiera concretado.
Aunque los movimientos de sesgo fascista tuvieron una destacada expansión en el período de entreguerras, muchos de ellos no pasaron de ser grupos efímeros, como el encabezado por Mosley en Gran Bretaña, los Camisas Negras de Islandia o la Nueva Guardia de Australia. En otros países, si bien lograron cierto grado de arraigo –los casos de Cruz de Flechas en Hungría o Guardia de Hierro en Rumania–, los grupos de poder tradicionales retuvieron su control del gobierno vía dictaduras. El triunfo del fascismo no fue el resultado inevitable de la crisis de posguerra.

El fenómeno fascista solo prosperó donde confluyeron una serie de elementos que le ofrecieron un terreno propicio. En este sentido, Italia y Alemania compartían rasgos significativos: el régimen liberal carecía de bases sólidas, y existía un alto grado de movilización social: no solo la de la clase obrera que adhería al socialismo, también la del campesinado y los sectores medios decididamente anti socialistas. Este escenario fue resultado de un proceso en el que se combinaron diferentes factores. Si bien la trayectoria de cada país fue singular, es factible identificar algunos procesos compartidos. En primer lugar, el ingreso tardío, pero a un ritmo acelerado, a la industrialización dio lugar a contradicciones sociales profundas y difíciles de manejar. Por una parte, porque la aparición de una clase obrera altamente concentrada en grandes unidades industriales y cohesionada en organizaciones sindicales potentes acentuó la intensidad de los conflictos sociales. Por otra, porque la presencia de sectores preindustriales –artesanos, pequeños comerciantes, terratenientes, rentistas– junto al avance de los nuevos actores sociales –obreros y empresarios– configuró una sociedad muy heterogénea atravesada abruptamente por diferentes demandas de difícil resolución en el plano político. En segundo lugar, la irrupción de un electorado masivo, debido a las reformas electorales de 1911 en Italia y de 1919 en Alemania, socavó la gestión de la política por los notables, pero sin que las élites fueran capaces de organizar partidos de masas: esto lo harían los fascistas. Por último, tanto Italia como Alemania, aunque estuvieron en bandos opuestos en la Primera Guerra, vivenciaron los términos de la paz como nación humillada. En Alemania especialmente, el sentimiento de agravio respecto de Versalles estaba ampliamente extendido; no fue un aporte original del nazismo buscar la revancha contra los vencedores de la Gran Guerra.

La experiencia de la guerra alimentó en muchos una adhesión incondicional a la paz; para ellos resultó muy difícil y doloroso reconocer que las obsesiones ideológicas del nazismo solo serían frenadas a través de las armas. Los pacifistas estaban convencidos de que las masacres en los campos de batalla no contribuían a encontrar salidas justas a las tribulaciones de los pueblos. En otros, en cambio, la guerra de trincheras alimentó una mística belicista: en ellos perduró “el deseo abrumador de matar”, según las palabras de Ernst Jünger.
Quienes decidieron vivir peligrosamente, como propuso el fascismo, y en el culto a la violencia, encontraron la vía para manifestar sus más hondos y potentes impulsos; no dejaron las armas, e integraron las formaciones paramilitares que proliferaron en la posguerra: los Freikorps alemanes o los Fasci di combattimento italianos. Muchos gobiernos no fascistas recurrieron a estos grupos para impedir un nuevo Octubre rojo, más temido que realmente factible. La izquierda también se armó para defenderse, pero en ningún caso contó con el apoyo de los organismos de seguridad estatales, que no solo consintieron sino que también colaboraron con los grupos armados de la derecha radical.

Las condiciones que hicieron posible el arraigo del fascismo son solo una parte del problema para explicar el éxito de los fascistas. También es preciso dar cuenta de qué ofrecieron, cómo lo hicieron y quiénes acudieron a su convocatoria.
A través de su oratoria y sus prácticas, el fascismo se definió como antimarxista, antiliberal y anti burgués. En el plano afirmativo se presentó –con sus banderas, cantos y mítines masivos– como una religión laica que prometía la regeneración y la anulación de las diversidades para convertir a la sociedad civil en una comunidad de fieles dispuestos a dar la vida por la nación. Los fascistas italianos y los nazis alemanes, especialmente en la etapa inicial, presentaron programas revolucionarios –en parte anticapitalistas– en los que recogían reclamos y ansiedades de diferentes sectores de la sociedad. Al mismo tiempo, en un contexto signado por la pérdida de sentido y la desorganización social, los partidos brindaron un lugar de encuadramiento seguro, disciplinado, y supieron canalizar la energía social a través de las marchas, las concentraciones de masas y la creación de escuadras de acción. El partido, además, ofreció un jefe. La presencia de un líder carismático a quien se le reconocieron los atributos necesarios para salir de la crisis fue un rasgo clave del fascismo. Tanto Mussolini como Hitler fueron jefes plebeyos con gran talento para suscitar la emoción y ganar la adhesión de distintos sectores ya movilizados.

El fascismo tuvo una base social heterogénea. Recogió especialmente el apoyo de la clase media temerosa del socialismo, de los propietarios rurales, de los grupos más inestables y desarraigados, de la juventud y particularmente de los excombatientes que constituyeron el núcleo de las primeras formaciones paramilitares; también logró el reconocimiento de sectores de la clase obrera atraídos por sus promesas sociales.

Los fascistas y los nazis llegaron al gobierno en virtud de su capacidad para recoger demandas y agravios variados, y también porque lograron convencer a los grupos de poder de que podían representar sus intereses y satisfacer sus ambiciones mejor que cualquier partido tradicional. Los elencos políticos a cargo del gobierno, en Italia y Alemania, decidieron aliarse con los fascistas y los nazis convencidos de que podrían ponerlos a su servicio para liquidar a la izquierda y preservar el statu quo. Los grandes capitalistas, por su parte, no manifestaron una adhesión ni temprana ni calurosa a los movimientos fascistas. Aunque el tono anticapitalista del fascismo fue selectivo y rápidamente se moderó, el carácter plebeyo de los movimientos generaba reservas entre los grandes propietarios. Hasta el ingreso al gobierno de Hitler, por ejemplo, las contribuciones económicas fueron destinadas en primer lugar a los conservadores, la opción preferida por los capitales más concentrados. Pero estos no pusieron objeciones a la designación de los líderes fascistas como jefes de gobierno. Una vez en el poder, ni Hitler ni Mussolini cuestionaron el capitalismo, pero subordinaron su marcha y fines, especialmente a partir de la guerra, a la realización del “destino glorioso de la nación”. Ellos asumieron ser sus auténticos intérpretes.

Desde el gobierno, ambos líderes, a diferentes ritmos –y con mayor decisión el Führer– avanzaron en revolucionar el Estado y la sociedad mediante las organizaciones paralelas del partido. Estas actuaron como corrosivo de los organismos estatales –Magistratura, Policía, Ejército, autoridades locales– y buscaron remodelar la sociedad, desde las intervenciones sobre la educación, pasando por la organización del uso del tiempo libre, hasta, muy especialmente, el encuadramiento y movilización de las juventudes, para crear el hombre nuevo. Los jefes máximos nunca llegaron a imponer sus directivas de arriba hacia abajo en forma acabadamente ordenada. La presencia de diferentes camarillas en pugna confirió un carácter en gran medida caótico a la marcha del régimen, sin que por eso el Duce o el Führer fueran dictadores débiles.

El terror fue un componente de ambos regímenes, mucho más central en el nazismo, pero fue solo uno de los instrumentos para lograr la subordinación de la sociedad; también se recurrió a la concesión de beneficios y la integración de la población en nuevos organismos. Si bien los fascistas suprimieron los sindicatos independientes y los partidos socialistas, su política apuntó a integrar material y culturalmente a la clase obrera. Al mismo tiempo que subordinaba a los trabajadores políticamente y los disciplinaba socialmente, el fascismo promovió la idea de igualdad y la disolución de las jerarquías: el plato único nacional, la fuerza con alegría, el Volkswagen para todos, el Frente Alemán del Trabajo, el Dopolavoro fueron manifestaciones, bastante eficaces, del afán por crear la comunidad popular. La contribución más importante del nazismo en el plano social fue restablecer el pleno empleo antes de finales de 1935, mediante la ruptura radical con la ortodoxia económica liberal. Los fascistas se pronunciaron a favor de un nuevo tipo de organización económico-social. Como expresión de su vocación revolucionaria y a la vez anticomunista, el fascismo contrapuso, al socialismo internacionalista, un socialismo nacional y autárquico que combinaba la intervención estatal en la economía con la propiedad privada. Por lo general defendió un sistema corporativo que integrará los distintos grupos y clases sociales bajo la dirección del partido, y fuera capaz de acabar con la lucha de clases.

La ubicación del fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán como las expresiones más logradas del fenómeno fascista no implica desconocer importantes contrastes entre ambos: el peso decisivo del antisemitismo genocida en el régimen nazi, que fue más tardío y menos radical en Italia; la más acabada conquista del Estado y la sociedad por parte del nazismo; la mayor autonomía de Hitler respecto de los grupos de poder; la política exterior más orientada hacia el imperialismo tradicional, en el caso de Mussolini, y dirigida hacia la imposición del predominio de la raza aria en el de Hitler.

El fascismo fue centralmente una forma de hacer política y acumular poder para llegar al gobierno, primero, y para “revolucionar” el Estado y la sociedad después. Desde esta perspectiva, el fascismo se presentó simultáneamente como alternativa al impotente liberalismo burgués frente al avance de la izquierda, como decidido competidor y violento contendiente del comunismo y como eficaz restaurador del orden social. En la ejecución de estas tareas se distinguió de los autoritarios tradicionales porque no se limitó a ejercer la violencia desde arriba. Los fascismos se destacaron por su capacidad para movilizar a las masas apelando a mitos nacionales. El partido único y las organizaciones paramilitares fueron instrumentos esenciales para el reclutamiento de efectivos, para la toma y la conservación del poder, y su estilo político se definió por la importancia concedida a la propaganda, la escenografía y los símbolos capaces de suscitar fuertes emociones. Los fascistas organizaron la movilización de las masas, no para contar con súbditos pasivos, sino con soldados fanáticos y convencidos. Su contrarrevolución fue en gran medida revolucionaria, aunque en un sentido diferente del de la revolución burguesa y la revolución socialista.