25 jul. 2014

Algunas interpretaciones sobre José Batlle y Ordóñez

I- La mirada apologética

-Roberto Guidice y Efraín González Conzi “Batlle y el batllismo” Ed. Medina, 2ª Edición. Montevideo, 1959, págs.402-403

“El batllismo, después de señalar la existencia de una graduación infinita de posiciones económicas entre la burguesía y el proletariado, apoya su acción más en el sentido de moral de los hombres que en su posición económica. Y no hace _ni podría hacer_ un llamado excluyente a determinada clase social: convoca a los hombres  que amen  la libertad y la justicia _hállense dónde se hallen_ para establecer un régimen de justa distribución social.
Así integrado, el batllismo utiliza la democracia como medio de acción. ‘Los procedimientos revolucionarios están buenos para los gobiernos absolutos que niegan toda libertad. En las repúblicas, el obrero tiene el voto que es la fuerza que fácilmente puede realizar sin una gota de sangre y sin una lágrima, las más justas aspiraciones del proletariado…’
El batllismo es, pues, una tendencia netamente reformista: una primera reforma prepara la segunda, y ésta a su vez  una tercera, y cada una apoyándose en la anterior y derivando de ella; no brusco o repentino cambio, sino gradual transición. De esta manera, todo se alcanza sin perturbar el equilibrio social, paulatinamente, es un movimiento progresivo rítmico. Las conquistas se irán sucediendo, una tras otra, hasta la última. Sin violencia ni sacudidas. Armoniosamente.  
El batllismo persigue como solución final el desplazamiento hacia la sociedad de los medios de riqueza. Este desplazamiento de manos de particulares a manos de la colectividad, se hará gradualmente. Se hará respetando la libertad del trabajo y el derecho de propiedad privada producto del trabajo…
Y así el batllismo alanzará la finalidad última. Habrá establecido entonces totalmente la libertad del trabajo, que no existe hoy en los servicios que no pueden presentarse sin autorizaciones especiales (aguas, electricidad, ferrocarriles, tranvías, telégrafos, teléfonos); y que no existe tampoco en los otros servicios cuando han sido monopolizados por particulares. Y que no existe desde muchos puntos de vista para el asalariado, cuando impera el régimen patronal. Y habrá respetado la propiedad privada producto del derecho y la justicia.
Cuando todas las industrial y demás agentes de producción hayan sido monopolizadas por el Estado, habrá el momento de atribuir científicamente a cada uno lo que le corresponde. Las dificultades de hallar la fórmula absolutamente justa son enormes. El batllismo, estudiando la realidad de ese momento histórico, establecerá la fórmula de acurdo con la nueva realidad.”

II- La mirada marxista

-Julio Luis “Batlle y Ordóñez: Apogeo y muerte de la democracia burguesa”. Natura Libros, Montevideo, 1969, págs. 183-186 y 189-190.

“Carácter radical, progresista y zigzagueante del batllismo.
El batllismo mantiene el carácter burgués del Estado ampliando su estructura democrático-burguesa y la apropiación privada de los medios de producción y de cambio… El punto principal del batllismo ideológicamente consiste en valorar la democracia y la ley, como factores supremos, estables y condicionantes de los demás…   
La burguesía industrial inteligentemente dirigida por Batlle y Ordoñez propagandea, posibilitada por la situación económica, la democracia, consistente de que es la forma más sutil de enfrentar la política revolucionaria del proletariado. Un proletariado, por otra parte, sumamente débil social, política e ideológicamente.
Favorecida por estas circunstancias, la burguesía permite que dentro del batllismo se hable de conquistar una auténtica libertad y justicia a través de la colectivización, se manifiestan propósitos antiimperialista y hasta socializantes…
Tan liberal es que por boca de ese batllista [Domingo Arena], se denuncia duramente a la sociedad capitalista ‘esta sociedad capitalista, para poder seguir marchando como marcha, para poder seguir utilizando como utiliza al pobre rebaño humano , necesita forzadamente mantenerlo es un estado de abyección, de embrutecimiento, de abandono en que vive hoy’. 
Pero en el fondo, la burguesía industrial se siente expresada y segura por el batllismo, a pesar de los pujos radicales de la pequeña burguesía, expresado sobre todo a través de Arena. Y eso en la medida que el batllismo descarga todos sus dados contra la lucha de clases, verdadero motor de donde el proletariado extrae en la práctica su ideología revolucionaria, socialista y comunista. Ataca, primero sutilmente, la lucha de clases, propagandeando la conciliación; y siempre, muchas veces ya no sutilmente, blandiendo el garrote o la pluma contra las ideas revolucionarias.
De esta forma, hábilmente, el batllismo actúa como antídoto contra la revolución proletaria…
Su progresismo de los años de apogeo económico poco a poco se va apagando, a medida que la burguesía industrial retrocede y, junto a él, en primera fila, retrocede el partido en su conjunto… 
Batlle y Ordoñez es imagen y reflejo de una época, de un país: de un Uruguay   que quiso y no pudo ser.”

III- Una mirada de  carácter económico

-Henry Finch “Historia económica del Uruguay contemporáneo”. E.B.O. Montevideo, 1980, pág. 16-21.

“En la historiografía uruguaya ha existido una tendencia a considerar las dos presidencias de José Batlle y Ordoñez (1903-1907 y 1911-1915) y la sostenida influencia que ejerció hasta su muerte en 1929, como un cambio radical en la vida del país. En realidad, no pueden existir dudas acerca de la importancia de esos años decisivos para la posterior evolución del Uruguay. El último conflicto armado entre blancos y colorados terminó en 1904, a partir de entonces, se consolidaron las formas democráticas de gobierno y los partidos políticos adquirieron definitivamente carácter civil… El valor de las exportaciones se duplicó entre 1900 y el estallido de la primera guerra mundial a raíz de la iniciación del comercio de carnes congeladas. La actividad industrial aumentó y se realizaron importantes mejoras en la infraestructura, tanto a nivel urbano como nacional. La sola enumeración de estos cambios llevaría a pensar que… sería más acertado decir que Batlle fue la creación de su tiempo que sostener… que fue el creador de los mismos.
En realidad, los logros de Batlle pueden ser considerados como respuestas a dos procesos que eran ya evidentes a fines de siglo pasado: la inestabilidad social del sector ganadero y el rápido crecimiento de la economía urbana.  El fenómeno batllista significó  una transacción _de carácter liberal, humanitario, muy de clase media_ entre las tensiones sociales y políticas  resultantes de estos procesos encontrados… la intención subyacente del batllismo era de esencia conservadora; se trataba de extender las funciones del Estado a los efectos de asegurar el equilibrio de fuerzas entre las distintas clases sociales y realzar el papel del sistema político (…)
La conducta financiera del gobierno de Batlle fue _a pesar de los costos de la guerra_ inobjetable. Más importante aún fue la concluyente demostración de que el poder de una autoridad central resultaba_ largo plazo _ una garantía mucho más efectiva de la paz y de la estabilidad interna que cualquier acuerdo interpartidario…La época de los acuerdos, de las tradicionales formas de coparticipación a través de las cuales los partidos habían mantenido una paz inestable desde 1872, había llegado a su fin.
Los propietarios rurales tuvieron claro, a partir de 1904, que el Partido Colorado no planeaba atacar el principio de la propiedad privada de la tierra ni rescatar tierras fiscales que los propietarios habían ocupado… Un pacto implícito se estableció entonces entre ambos sectores. Sin embargo, la paradoja de la vulnerabilidad política de clase alta rural _ el hecho de que un grupo económicamente dominante no pudiese controlar el sistema político _ fue reconocida en 1916 cuando los propietarios rurales se unieron para formar la Federación Rural como un grupo de presión que actuase en el seno de ambos partidos tradicionales en defensa de los intereses del campo.
A pesar de todas las ideas peligrosas que se proclamaban en Montevideo, los intereses rurales tenían poco que temer. La política agropecuaria de Batlle fue, en realidad, neutral…_elevación de los impuestos sobre la tierra, impuesto a la herencia y al ausentismo, salario mínimo para el medio rural, planes de colonización, crédito a los pequeños productores_ fueron fácilmente evadidas o tuvieron escaso resultado. A largo plazo, el fracaso del batllismo en reformar la estructura agraria iba a tener serian consecuencias para el futuro desarrollo del Uruguay…
La política económica de Batlle no logró ningún cambio importante en la estructura económica del país. Se concedieron beneficios impositivos a las nuevas empresas industriales que se sumaron a la protección arancelaria ya existente. Pero al falta de una política fiscal progresista, el mercado se mantuvo sin desarrollarse y tuvo que ser el socialista Emilio Frugoni quien señalase el carácter regresivo  del proteccionismo aplicado a los artículos de primera necesidad.
El crecimiento del sector público _otro rasgo del batllismo_ lejos de perjudicarlo, favoreció indudablemente al capital nacional. El monopolio por parte del Estado en algunos tipos de seguros se realizó a expensas de empresas extranjeras, no de las uruguayas.
Por otra parte, la hostilidad de Batlle hacia el capital extranjero, si bien era sincera, distaba mucho de ser una actitud  de enfrentamiento a la intromisión imperial…
Las organizaciones obreras se fortalecieron a partir de 1895 y el descontento laboral se intensificó durante la década de rápido crecimiento que precedió a la Primera Guerra Mundial provocando alarma entre los sectores empresarios más poderosos. Los partidos políticos tradicionales… se sintieron igualmente  amenazados por la militancia de los obreros. La respuesta de Batlle fue elevar al Estado _ y con al sistema político_... Posteriores actos legislativos fueron anticipando los reclamos laborales y, de esa manera, los viejos partidos políticos se fortalecieron a expensas del movimiento sindical… Mientras los clubes políticos cumplían el papel de agentes para la integración de los inmigrantes montevideanos… la legislación era el precio que debían pagar los pequeños industriales en ascenso por la estabilidad política y social. 
La ideología batllista fue, fundamentalmente una ideología de clase media. Aunque ningún sector social fue excluido de la alianza batllista, los mejores representados fueron el de la pequeña industria y el de los empleados públicos y privados…”

IV- Una mirada de reformador

-José Pedro Barrán y Benjamín Nahum “Batlle, los estancieros y el imperio británico”. E.B.O. Montevideo, 1981, Tomo II, págs. 7-8 y 39-45.

Batlle se vio a sí mismo como un hombre del progreso, los obreros los consideraron un ‘amigo’, el patrón industrial y británico lo creyó un ‘socialista’, los socialistas, un burgués de buena voluntad, los blancos, un autócrata demagogo y el historiador, un reformador. Cada una de estas miradas es falsa y verdadera al mismo tiempo por parcial, y son todas juntas la que dan idea cabal del personaje, el movimiento que protagonizó y su época. 
Caracterización
Fue ese lenco político del novecientos, el protagonista de los que de ahora en adelante denominaremos ‘reformismo’, es decir, la tendencia a promover el cambio más o menos radical de los modelos económicos, sociales y mentales dominantes, sin recurrir a la violencia.
Preferimos usar el término ‘reformismo’ en lugar del habitual ‘batllismo’ por varias razones.
En primer lugar, en todo el período a estudio (1903-1916)… el batllismo no era aún un partido organizado, con autoridades, lema y programa; tampoco, a no  ser en los años finales (1914-1916), un movimiento de masas.
En segundo lugar, los que vivieron y escribieron en 1905 a 1910, utilizaron en general el término ‘reformista’ para designar a la corriente que luego se denominará ‘batllista’. En los documentos analizados, mensajes presidenciales, ministeriales, discursos parlamentarios y editoriales periodísticos, los seguidores de Batlle se llamaron a sí mismos ‘reformistas’ o ‘reformadores’, pretendiendo expresar con ello la esencia misma de su nueva fe; el uso del aparato estatal para la promoción de una economía que nos tornará ‘independientes’, de una sociedad que fuera ‘justa’, de una cultura científica que nos liberara de la ‘esclavitud’ de la ignorancia, todo ello dentro del respeto por el ‘estado de derecho’ y sus reglas de juego, lo que impedía el recurso de la violencia revolucionaria y a la vez identificaban al reformismo con la defensa de los derechos individuales…
En tercer lugar, el uso del término ‘reformismo’ nos permite ubicar al batllismo como una de las muchas corrientes políticas europeas y americanas que buscaron en las primeras décadas del siglo XX eliminar  las aristas más crudas del ‘capitalismo salvaje’ y resucitar el viejo anhelo de 1789 por una sociedad ideal, sin recurrir, empero, a los mismo métodos (…)
Reforma, no revolución
El Estado reformista no pretendía destruir el sistema sino excesos… el reformismo quiso poner distancia entre él y las ideologías revolucionarias del novecientos. Mucho fue dicho con tal de separarse de ellas. Esto se debió a  dos factores cuyos respectivos pesos es difícil medir con exactitud: la propia convicción de ser ‘obreristas’ y no ‘socialistas’, y la necesidad de tranquilizar a las clases conservadoras (…)
La lucha de clases era un hecho que podía ser modificado sin modificar el supuesto de la propiedad privada de los medios de producción…
En todas las clases sociales había hombres de buena voluntad y mala voluntad. El individuo no tenía determinada su conciencia por su posición social, sino que su conciencia seguía el camino del bien colectivo cuando era despertada. Este razonamiento evitaba que se tuviera que recurrir siempre a la coerción para modificar el orden establecido: bastaba a veces difundir, con argumentos razonables, la necesidad del cambio y hasta los beneficios del modelo, terminarían aceptando las reformas.
El reformismo se vio a sí mismo como un ‘socialismo de estado’, tan respetuoso de la propiedad privada, como consciente de las limitaciones de ese derecho, tan dispuesto al cambio como a promoverlo sólo por medio de la ‘evolución’ pacífica”.

(Selección realizada de: Cuadernos de ciencias políticas. Historia del Uruguay Contemporáneo.  Material para debate, FCU. Selección de textos, cuadernos y documentos Gerardo Caetano y Milita Alfaro)

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