6 jul. 2017

Macartismo

En la medida que se hacían más hostiles los sentimiento contra la URSS, por parte de Estados Unidos, algunos políticos decidieron explotar el tema como estrategia para ascender políticamente. Este es el caso del senador republicano, por el Estado de Wisconsin, Joseph Mc Carthy entre 1950-1954.
Valiéndose de una serie de hechos y cifras que no podía probar acusó a escritores, artistas, intelectuales  y, en particular, a funcionarios del Departamento de Estado de comunistas y de realizar actividades  que ponían en peligro la  seguridad nacional.
El senador Mc Carthy desató una verdadera caza de brujas contra todos los sospechosos de izquierdismo en la que la denuncia continua sumió a la sociedad norteamericana  en toda una histeria colectiva. La mera discrepancia aparecía como un elemento de complicidad con el enemigo y el temor de ser inculpado se extendió por toda la población. Todos los sospechosos de comunistas perdieron su trabajo, fueron perseguidos, en ocasiones encarcelados y hasta ejecutados (caso Rosenberg).
El senador Joseph McCarthy declara ante una Subcomisión del Senado sobre las elecciones y en un esfuerzo
por vincular a su compañero el senador William Benton al comunismo.
"(...) Las persecuciones de comunistas arreciaron en Estados Unidos  desde mucho antes de que Mc Carthy se convirtiera en el adalid llevándolas al exceso y el histrionismo que fueron su ruina política y personal.
Terminada la Segunda Guerra Mundial y enfrentados Estados Unidos a una Unión Soviética que expandía su áreas de influencia desde Asia a Oriente Medio y el centro de Europa, el Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes  (HUAC por su sigla en inglés) arremetió primero contra Hollywood.
Hay que recordar que entonce el Partido Comunista (PC-USA) era legal, pero una ley abrió puerta para procesar a quienes propugnaran un cambio en la forma de gobierno del país. En 1947 el HUAC entrevistó a 41 personas en interrogatorios de los que surgió una lista de 19 autores y productores que fueron citados.
Si las personas se negaban a compadecer ante el HUAC sus nombres se agregaban a una lista negra y ya no podían trabajar en la industria cinematográfica. En esa lista, que llegó a tener más de 320 nombres, estuvieron incluidos Leonardo Berstein, Charles Chaplin, Aarón Copland, Arthur Miller, Pete Seeger, Orson Welles y Paul Robeson.  
Mientras la "amenaza comunista" consolidaba su control en media Europa, avanzaba en Corea, Indochina, Filipinas y Guatemala o se infiltraba en los movimientos independentistas  de África, la sensación de inseguridad de los estadounidenses llegó al borde la paranoia: la Unión Soviética también había adquirido armas atómicas.
Los métodos de Mc Carthy fueron los de todos los inquisidores: aislamiento de los "sospechosos", amenazas, la extorsión de prometerles misericordia si delataban a otras personas, y un manejo eficaz de la prensa: el senador acusaba, esparcía sospechas, señalaba y seguía adelante desenmascarando una terrible conspiración comunista. A los acusados nadie los escuchaba".

Jorge Bañales, semanario Brecha, 22 de mayo de 2003, Montevideo, Uruguay.

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